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Cómo recuperarte de una comida copiosa (sin culpa y cuidando tu digestión)

Las comidas copiosas forman parte de nuestro día a día, especialmente en fechas puntuales como pueden ser las Navidades. Celebraciones familiares, comidas fuera de casa, fines de semana especiales, eventos sociales o simplemente días en los que comemos más porque nos apetece o porque la ansiedad o el estrés nos llevan a ello.

Muchas personas viven estas situaciones con una mezcla de malestar físico y culpa mental, ya que tras estas comidas llega la pesadez, la sensación de hinchazón, las digestiones eternas y todo esto se acompaña de pensamientos de culpabilidad del tipo:

  • “Ya la he liado”
  • “Mañana no ceno”
  • “Tengo que compensarlo”
  • “Esto no debería haberlo comido”
  • “Voy a irme a correr”

Si alguna vez te has sentido así, estoy seguro de que este artículo te va a resultar de mucha utilidad.

Comer de más no es el problema (la reacción posterior sí)

Lo primero que necesitas entender es algo muy importante: una comida copiosa no estropea tu salud ni tu progreso. Al igual que una hamburguesa no hace que tu alimentación sea una basura, una ensalada no hace mejor tu alimentación…

Nuestro cuerpo está diseñado para adaptarse a variaciones puntuales de la ingesta. No necesita castigos, restricciones ni “planes detox” para volver a la homeostasis o al equilibrio.

El verdadero problema aparece cuando, después de una comida abundante, entramos en un ciclo de: culpa – compensación – restricción – ansiedad - nuevo exceso, seguramente te suene, ¿verdad?

Qué siente tu cuerpo después de una comida copiosa (y por qué es normal)

Después de comer más cantidad o alimentos más grasos de lo habitual, es normal que notes:

  • Sensación de plenitud o pesadez;
  • Hinchazón abdominal;
  • Gases;
  • Digestiones más lentas;
  • Somnolencia (la insulina haciendo de las suyas).

Esto ocurre porque:

  • El estómago se distiende más;
  • Se ralentiza el vaciado gástrico;
  • El sistema digestivo necesita más tiempo y recursos.

Nada de esto es peligroso ni significa que algo vaya mal. El malestar digestivo no es una señal de “fracaso”, sino de que el cuerpo está trabajando para recuperar su normalidad.

Errores muy comunes después de una comida copiosa (y por qué no funcionan)

Antes de hablar de qué hacer, creo que es fundamental aclararte qué NO deberías hacer, aunque sea lo más habitual.

❌ 1. Saltarte la siguiente comida

Muchas personas piensan que así “equilibran” los excesos, pero la realidad es otra:

  • Aumentan el estrés digestivo;
  • Empeoran la regulación de los mecanismos de apetito-saciedad;
  • Incrementan el riesgo de volver a comer en exceso.

Siento decirte que saltarte comidas no mejora la digestión, la empeora.

❌ 2. Hacer ayunos forzados o dietas “compensatorias”

Ayunar como castigo no ayuda al cuerpo a digerir mejor lo que ya comiste, ni mejora tu relación con la comida, lo que realmente hace es:

  • Reforzar la mentalidad de culpa;
  • Generar ansiedad anticipatoria;
  • Dañar la relación con la comida.

Recuerda que tu cuerpo no necesita pagar nada; lo que realmente necesita es volver a su rutina, siempre que esta sea saludable.

❌ 3. Entrenar a intensidades más altas de las habituales “para quemarlo”

El ejercicio es saludable cuando se usa con el objetivo de mejorar nuestra condición física, pero usarlo como castigo:

  • Aumenta el estrés fisiológico;
  • No mejora la digestión e incluso puede empeorarla;
  • Puede generar fatiga y desregulación.

Recuerda: moverte sí es interesante, pero castigarte no.

❌ 4. Eliminar grupos de alimentos durante días

Esta es una de las prácticas que más se hacen y carecen de sentido. Además, eliminar carbohidratos, grasas o “comer solo ensaladas” suele acabar en:

  • Más hambre;
  • Menos energía;
  • Más probabilidad de atracones.

Más allá de mejorar las molestias digestivas, es un parche que puede fomentar una mala relación con la comida.

Entonces, ¿qué hacer realmente para recuperarte bien?

Ya te he mostrado lo que NO debes hacer y si has leído hasta aquí, te estarás preguntando qué es lo que realmente sí debes hacer… recuperarte de una comida copiosa es mucho más sencillo y lógico de lo que parece.

  1. Normaliza lo ocurrido (el primer paso real)
    Una comida copiosa no define tu forma de comer ni tu salud. Tras una comida copiosa no necesitas justificarla, compensarla, ni “portarte bien” después… Cuanto antes normalices el evento, antes vuelve el equilibrio. La tranquilidad mental es el primer paso para una buena digestión.
  2. Facilita la digestión, no la fuerces
    Consejos para mejorar la digestión después de comer mucho:
    • Evita tumbarte inmediatamente
    • Mantente erguido
    • Da un paseo suave de 10–20 minutos

    Con estas pequeñas acciones, estimulamos el tránsito digestivo, reducimos la hinchazón y mejoramos el vaciado gástrico. No hace falta hacer cardio ni entrenamientos intensos.

  3. Hidrátate con sentido común
    El agua ayuda, pero sin obsesiones:
    • Bebe según sed
    • Infusiones suaves pueden ayudarte (manzanilla, hinojo, menta)
    • Bebe caldos ligeros si te apetece algo caliente

    Recuerda: no necesitas “depurar” nada y no existen bebidas mágicas post-atracón.

  4. Escucha a tu cuerpo y a tu apetito en la siguiente comida
    La clave está en volver a comer normal:
    • Comer cuando tengas hambre;
    • Elegir alimentos habituales;
    • Ajustar cantidades de forma natural.

    No fuerces comer más ni restrinjas por el hecho de haberte colado ese día. Si no tienes mucha hambre, come poco y si tienes hambre, come sin miedo. Esto ayuda a regular apetito-saciedad y a mantener una relación saludable con la comida.

  5. Prioriza comidas ligeras durante 24 horas (sin castigarte)
    Platos de fácil digestión pueden ayudarte a volver a tu normalidad, como apoyo digestivo:
    • Platos simples, sin muchas salsas ni aditivos
    • Alimentos poco procesados
    • Verduras cocinadas mejor que crudas
    • Proteínas fáciles de digerir
    • Carbohidratos simples y bien tolerados

    Esto no se trata de “estar a dieta”, se trata de sentido común.

  6. Dale tiempo a tu cuerpo (no todo vuelve a la normalidad en horas)
    A veces queremos sentirnos como siempre inmediatamente, pero la digestión lleva tiempo. La hinchazón puede durar horas dependiendo de la comida y el cuerpo necesita regularse. La paciencia no es sinónimo de pasividad, sino de confianza en tu sistema fisiológico.

La relación con la comida importa tanto como lo que comes

Muchas molestias digestivas se perpetúan no solo por la comida, sino por el estrés, la culpa, el miedo a comer o la autoexigencia constante. Cuando cada comida se vive como un examen, la digestión se resiente. Trabajar una relación más tranquila con la comida mejora la digestión a medio y largo plazo.

¿Y si las comidas copiosas te sientan siempre mal?

Aquí conviene matizar algo importante: hay ciertas señales de nuestro cuerpo que no debemos normalizar. Si notas de forma habitual:

  • Hinchazón excesiva;
  • Digestiones muy pesadas;
  • Gases constantes;
  • Malestar incluso con cantidades normales.

Puede que no sea solo la comida copiosa, sino una mala tolerancia digestiva, desequilibrios intestinales o hábitos que interfieren en la digestión. En estos casos, no se trata de “comer menos”, sino de entender qué está pasando, para ponerle remedio.

Ideas clave para llevarte de este artículo

  • No te castigues;
  • No compenses;
  • Facilita la digestión con movimiento suave;
  • Hidrátate con normalidad;
  • Vuelve a tu rutina;
  • Prioriza la calma.

Tu cuerpo sabe autorregularse mejor de lo que crees, confía en ello.

La salud no se construye con perfección, sino con constancia y flexibilidad. Aprender a gestionar las comidas copiosas sin culpa es una señal de madurez nutricional, buena relación con la comida y cuidado real de nuestro cuerpo.

Si sientes que la digestión o la relación con la comida te generan malestar frecuente, no tienes por qué hacerlo solo: puedes pedir ayuda profesional. La ayuda profesional puede marcar un antes y un después en tu calidad de vida y en tu felicidad.